NOSTRO DOLCE MARE
Paulina Laura Miguel nos adentra en los colores de una historia narrada entre voces propias y ajenas al mismo tiempo. Una pintura hecha con trazos de relato familiar que pareciera decirnos que un crepúsculo italiano de una noche de abril, el búho de Minerva vuela alto porque mañana ya no será noche.
Veladuras de una pintura lúdica y rigurosa al unísono rayan el acontecimiento del destierro, desgarrando la oscuridad del fantasma eterno de una tierra y su mar que se pronuncian en el rostro de la tela.
Estamos lejos de la irritabilidad de las cosas que vuelven por si mismas como mero recuerdo a su indiferencia, pero también estamos lejos de la melancolía que se vuelve penosa ante el mundo y cuya inmovilidad señala al lado de las cosas la profundidad del pensamiento y la diversidad del saber.
Entretelones de una pintura escenográfica que no nos habla del pasado sino de todo aquello que vuelve como siempre presente. Aguas rápidas, sutiles y más delgadas que cualquier instante, uniendo tierras que, de una parte, a otra de su saeta, indefinidamente constante, hacen surgir una historia en un mismo pasado como si fuese indefinidamente actual.
Papiros de un relato leído desde los lagos del sur que hablan de aguas mediterráneas escuchando las agujas de su propio reloj. Montañas de instantes y de ecos amorosos en una infinitud de collages y superposiciones de ventanas que nos rectan hacia escenas de una biografía como archivo del presente. Lienzos yuxtapuestos de un viaje con su partida y su llegada del cual no hay arribo definitivo sino el registro constante de un diario de transito.
Una bitácora de floras y faunas surreales, como un telón de fondo del teatro de lo irrepresentable de lo documental que duplica en la escena pictórica ventanas múltiples abriendo el trazo sutil del color y pregnancia del foto registro acompañado de un paisaje sonoro.
Dibujos y acuarelas en aviones y barcos cual sipario, en frases y escritura de un libro que esta aun por reeditarse como los trabajos y los días que lleva surcar un mar. Ese mar paradójicamente dulce compartido por Paulina Laura Miguel en donde su historia familiar deviene la historia de todos nosotros.
Nos encontramos siempre en los bordes del dulce mar, un estupor de paisaje, una fosforescencia pictórica hecha pensamiento. Porque el destierro es mucho más grande que el momento de vivirlo, ser feliz, también.
DR. CLAUDIO ONGARO HAELTERMAN
2016



















