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NATURALEZA FANTÁSTICA

Paulina Miguel por María Carolina Baulo

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“La repetición no implica la realización de lo mismo.  Es la letanía de la persistencia que se vuelve significativa cuando descubrimos la diferencia sutil entre una imagen y otra, entre una acción y otra.  Delicada distancia, ya que nunca es posible la reproducción exacta”.

Andrea Giunta, ¿Cuándo empieza el arte contemporáneo?, (2014)

 

 

Muchas veces sucede que cuando miramos la producción de una artista en retrospectiva, nos encontramos con obras que a lo largo de su vida, incluso cuando atraviesan las más diversas circunstancias y emociones y reciben el impacto de estímulos de diversas fuentes, mientras construyen una nueva persona en cada acto de reflexión, mantiene un interés persistente que se re-significa constantemente. Y ese tiempo parece transcurrir en las obras bajo una cronología diferente en esa acción de sostener la búsqueda, el tema, el motor que aplasta e insiste en ser revisado mil veces en cada trazo.

 

La obra de Paulina Miguel es una oda a la naturaleza. Pintar y dibujar son sus recursos plásticos y la gran escala es su formato más preciado. Es observando toda su obra donde cuesta establecer compartimentos estancos porque cada serie guarda mínimas sutilezas respecto de las otras, lo cual provoca que todo tenga un gran aire de familia, una solvente coherencia y, especialmente, una marca registrada que es la impronta estética de la artista. Pero es quizás este detalle un  arma de doble filo si es que Paulina decide quedarse en un espacio de confort donde la repetición de los motivos, temas y estructuras que componen las obras, se multiplica peligrosamente transitando la delgada línea entre una motivación que se actualiza en la práctica y un hacer conocido que no habilita el salto hacia el cambio, hacia la experimentación de lo incierto. Creo firmemente que quien se resiste en un discurso, una motivación que no necesita ser desviada o desmotivada, necesita desarrollar técnicas, formas, habilidades disruptivas para decir lo mismo de otra manera. Entonces, ya no es lo mismo.

 

Acrílicos, óleos, dibujos en grafitos y lápices, pasteles, collages integran el universo material que le permite a Paulina -a partir de registros fotográficos a veces y otras apelando a la memoria donde se imprime la imagen de la naturaleza- explorar la magnificencia del entorno natural y embestirlo con una sobredosis de realismo mágico y dramático donde si bien hay un trabajo exquisito de ilustración y conocimiento de las herramientas, los paisajes pueden llegar a extremos cuasi Pop donde el estallido del color tomo el protagonismo. Orgánica y abundante, la obra manifiesta en los detalles el interés de  la artista por poner en diálogo la línea con la mancha, las luces y las sombras, lo real y lo imaginado. Espacios oníricos que se desarrollan en cada serie desde hace décadas, desde Huellas Textuales (2002), Río bajo el Río (2004), Ser Tierra (2011) y Nocturnos (2011), Incendios (2012), Nevada (2014), Microclima (2016), Paisaje Interior (2020), Escenarios Naturales (2020-2021) o los dibujos en formato grande sobre tela, trabajados en los últimos tiempos, son apenas algunos de los registros que evidencian una pasión reinante que, aun hoy, persiste vigente en su insaciable observancia del natural. Mención aparte merecen trabajos como la serie Erótica (2006) o los Paisajes Urbanos (2015), una suerte de “desliz” creativo que no se aleja mucho de la fuente porque la urbanidad es tratada como otro escenario natural y nada que decir de la naturaleza más visceral y genuina del erotismo.

 

Es interesante focalizar en los trabajos de los últimos tiempos, donde esa paleta de una presencia invasiva y “todopoderosa” que busca equilibrarse en las formas simples y reconocibles para no abrumar al espectador en una explosión de color sino integrarlo a la obra, empieza a silenciarse y el fondo se neutraliza en blancos que permiten destacar el relato en primer plano sin competencia ni contraste entre figuras y fondo. Ecos abstractos que se repiten por doquier y alertan a quien observa, contra cualquier posibilidad de asociación de la obra con la realidad. Frente a los trabajos de Paulina Miguel, estamos claramente inmersos en un mundo paralelo aunque verosímil, porque todos creemos saber lo que vemos pero a final de cuentas, es todo un gran artilugio. Como el arte mismo, y es allí, creo yo, donde radica toda su maravilla, en la magia de hacernos creer lo imposible.

 

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LIC. MARÍA CAROLINA BAULO. AGOSTO 2021

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